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Francisco José Olalla, nuevo sacerdote del Opus Dei

agosto 1, 2007

olalla.jpgNació en Lerma (Burgos) hace 38 años. Le encanta la música heavy, y es cinturón marrón de kárate. El verano del año 1993 mientras estudiaba Económicas en Valladolid, acudió con otros estudiantes a colaborar en la atención de un centro de disminuidos psíquicos en Portugal y por su cabeza comenzó a rondar una nueva melodía, y decidió incorporarse al Opus Dei. Antes de ir a Roma para estudiar Teología ha llevado las cuentas de una fábrica de piensos y ha impartido cursos para camioneros en paro en un centro de Santander. El pasado mes de mayo recibió la ordenación sacerdotal en Roma, junto a 38 fieles del Opus Dei, procedentes de 18 países de los cinco continentes. Unos días antes de ser ordenado, Diario de Burgos, el 23 de mayo de 2007, publicó la entrevista que reproducimos a continuación.

«Mis padres asistirán a la ordenación desde el Cielo»

ENRIQUE MUÑIZ /ROMA

El próximo sábado monseñor Javier Echevarría, obispo y Prelado del Opus Dei, ordenará como sacerdotes a 38 fieles del Opus Dei, procedentes de 18 países de los cinco continentes. Entre ellos se encuentra el economista natural de Lerma, Francisco José Olalla.

¿Se ordena sacerdote un chico de Lerma que tuvo cresta y camisetas negras?

No sé si se puede decir que sea «un chico». Lo seguro es que no llevo cresta -la llevé, pero poco tiempo porque mi padre dejó de hablarme- y que mi gusto por las camisetas negras ya tuve que moderarlo cuando empecé a trabajar; pero sí que es exacto que soy de Lerma y que me ordeno sacerdote el próximo sábado, lleno de propósitos de servir a la tarea evangelizadora que con tanta fuerza propone Benedicto XVI siguiendo el eco de Juan Pablo II.

¿Vivió en Roma el fallecimiento de Juan Pablo II?

Sí. Es lo más impresionante que he vivido en mi vida. Recuerdo detalles tan nimios como dónde estaba cuando recibí la noticia, el recorrido que hice para llegar a la Plaza de San Pedro o incluso que iba con un estudiante keniano que se llama Anthony Gichuki. Fue realmente fabuloso el espectáculo de piedad que se vivió en torno a la marcha al Cielo de Juan Pablo II, y algo semejante podría decirse de los días siguientes, de la elección de Benedicto XVI y el inicio de su pontificado. Gracias a Dios es algo que se pudo seguir desde cualquier punto del planeta por la televisión. Me considero un privilegiado por haber podido vivir aquí en directo esos días tan llenos de esperanza hacia el futuro de la juventud y de la Iglesia: me parecen un marco realmente perfecto para el inicio de mi trabajo como sacerdote, para el que por cierto cuento con las oraciones de mis paisanos.

¿Tiene algún recuerdo especial de Lerma?

Muchísimos; pero sentiría decepcionar al que esperase que es tuvieran especialmente asociados a mi futuro. Por ejemplo, hice alguna vez de monaguillo en el convento de San Blas de las madres dominicas, pero me dormí y fui relevado del encargo; tampoco fui un alumno especialmente ejemplar en el Colegio Público Pons Sorolla y tuve algún que otro desencuentro con los sacerdotes que daban las clases de religión… a los que ahora pido excusas por mis rebeldías juveniles. También recuerdo, por supuesto, las representaciones vivientes por las calles durante la Semana Santa, o la catequesis de don Martín y don Félix en la Parroquia de San Pedro, o los interminables partidos de fútbol en la Plaza del Mercado Viejo; pero sobre todo, al pensar en Lerma, me acuerdo de mis padres, que «asistirán» a mi ordenación desde el Cielo, porque ya fallecieron, y sé que estarán especialmente orgullosos de mí ese día.

¿Sueña con los frutos de su trabajo como sacerdote?

Tal vez sea demasiado castellano para perderme en sueños; pero sí, sin duda afronto el futuro con toda la esperanza. Ahora tal vez sueño más con los detalles de mi tesis doctoral en Teología Dogmática sobre las Analogías Trinitarias en San Ambrosio de Milán; pero por su puesto que sueño también con mi trabajo como sacerdote donde haga falta… y también doy gracias a Dios por cómo me ha ido llevando por donde yo menos hubiera imaginado cuando era chaval. Creo que mi vocación a la Obra nació en el verano del 93, durante un curso universitario en el que atendíamos a chicos en el «Centro de Deficientes Joao Paulo II» de Fátima, y sí que sueño con abrir panoramas semejantes a los que yo descubrí ese verano.